La realidad virtual y los simuladores están llevando la
experiencia de los videojuegos a un nuevo nivel, desarrollando aplicaciones
prácticas en sectores como el turismo o la arquitectura. Ahora son las
autoescuelas las que se suman a la moda de los simuladores aplicados a la
educación vial.
Los simuladores son, en esencia, videojuegos que han entrado
con fuerza en el ámbito educativo y formativo. Desde simuladores bélicos para
entrenar a futuros soldados, pasando por simuladores de vuelo para pilotos en
formación, vehículos de obras para conductores de maquinaria pesada y hasta las
autoescuelas, uno de los últimos sectores en apuntarse a la moda de la simulación
formativa.
No aprenderás a conducir con tu Need for Speed
Sagas de conducción hay muchas, la mayoría ambientadas en el
mundo de los deportes de motor en circuitos oficiales o urbanos, pero por
muchas horas que dediquemos a los Forza, Gran Turismo, Project Cars o Need for
Speed, nuestra habilidad real de conducción no mejorará en términos generales.
Si lo harán nuestros reflejos y capacidad de reacción, e
incluso mejoraremos la experiencia utilizando volantes y pedales de calidad,
pero los videojuegos están orientados a la acción y velocidades extremas, un
componente que debería de quedar fuera de las carreteras.
¿Entonces para qué sirven?
Los simuladores son una nueva forma para familiarizarse con
el entorno real sin salir de una habitación. En el caso de las autoescuelas, es
una herramienta perfecta para que el alumno aprenda las reglas de seguridad
vial antes de ponerse al volante de un vehículo real. Una especie de transición
entre los libros y tests y la carretera.
Vivir situaciones límite sin riesgo
El punto fuerte de los simuladores es la capacidad de
generar situaciones críticas sin consecuencias para el alumno. Forzar la
máquina para saber cómo reaccionar ante un accidente o un pavimento deslizante;
que el alumno sea consciente de su pérdida de atención cuando escribe en su
teléfono móvil o lleva la radio demasiado alta. De la misma manera que un
piloto entrena un aterrizaje forzoso en una pista demasiado corta.
Es en estas situaciones simuladas donde los aspirantes a
conductores pueden realmente aprovechar la oportunidad de los videojuegos
adaptados al aula. Simuladores que nunca sustituirán la práctica real, pero que
completarán la formación de los alumnos. Alumnos que, dependiendo de la
autoescuela, tendrán que pagar un suplemento por utilizarlos.
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Fuente: Cuatro

